Se acabó la espera. Después de aquella tarde imborrable de Getafe hace más de cuatro meses, al Celta se le volvió a dibujar en la cara la sonrisa que acompaña la victoria. Mucho tiempo esperando por ella. El regreso de la Europa League a Balaídos sirvió de bálsamo para un equipo que corría el riesgo de desnortarse por la falta de resultados y llevarle por caminos equivocados, lo que siempre conduce a la ruina. La remontada ante el PAOK -claramente inferior a los vigueses- premió a un grupo atribulado y que incluso ayer tuvo que recomponerse después de encajar en la primera llegada de los griegos a su área. Pero en ese momento delicado los de Giráldez cerraron la puerta a las dudas y fueron fieles a ellos mismos, a lo que han sido y a lo que quieren ser.

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