Miguel Induráin no hablaba mucho, pero cuando lo hacía, imponía respeto. Lance Armstrong lo aprendió por las malas en su primer Tour de Francia, allá por 1993. Tres décadas después, el exciclista texano ha recordado en su pódcast The Move un gesto aparentemente trivial que terminó con una sanción y una lección de autoridad en pleno pelotón.

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