El balance de la cuarta temporada de Orlegi Sports en el Sporting arroja datos cuanto menos desconcertantes: el equipo ha conseguido superar la barrera de los sesenta puntos (61), se ha quedado cerca de alcanzar los números que hicieron los rojiblancos (65) cuando consiguieron ese después tan valorado quinto puesto que le permitió pelear por ascender en la temporada 2023-2024 bajo el gobierno de Miguel Ángel Ramírez, al que, de hecho, este Sporting ha igualado en victorias (18). El mismo equipo, mientras, ha destrozado todos los récords negativos (13 derrotas en 21 partidos a domicilio, récord en Segunda División) para un total de 17 tropiezos en Liga (una losa enorme, un 40%) y se ha mostrado demasiado vulnerable hasta encajar 54 goles en 42 partidos (1,28 por encuentro, obligando a anotar casi siempre 2 tantos para sumar puntos). Esas contradicciones permiten extraer conclusiones: el comportamiento del equipo gijonés ha sido durante todo el curso muy inestable (39 puntos en El Molinón y solo 22 como visitante, acumulando un tramo de cuatro meses sin ganar a domicilio) y con solo 7 empates en 42 partidos, el que menos ha empatado de la competición. Es decir, capaz de lo mejor y de lo peor.
[–>[–>[–>La fotografía de la clasificación, maquillada con las tres últimas victorias en un tramo sin objetivos deportivos en juego y absolutamente condicionado por el adiós de un entrenador con contrato como Borja Jiménez, ofrece muchas más claves: el equipo se ha quedado muy lejos de alcanzar los puestos de play-off. Es cierto, los más caros desde que se impuso este formato. Pero apenas ha existido su candidatura para estar en la pelea por el ascenso, el objetivo que llegó a verbalizar José Riestra, presidente ejecutivo del club, el pasado mercado de enero tras conseguir los fichajes de Brian Oliván, Andrés Cuenca y Andrés Ferrari: “Con estos tres refuerzos estoy convencido de poder ascender”.
[–>[–>[–>El balance de la campaña del Sporting, pese a estas contradicciones, es, sin ningún tipo de duda, de suspenso claro. No hay una sola razón para explicar esa tan acentuada inestabilidad que ha condenado al proyecto a la mediocridad. Pero hay algunas decisiones que sin duda han afectado a la gestión. La primera: la apuesta por mantener el pasado verano a un entrenador en el que no se confiaba para un proyecto como Asier Garitano y al que se acabó destituyendo tras cinco derrotas seguidas en la jornada 9.
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Aquel papel que permitió a Garitano continuar en la entidad un año más tras salvar a la institución de la quema quizá terminó cobrándose el siguiente proyecto. Porque Orlegi apostó de puntillas por un entrenador que jamás fue de su cuerda y al que se trató de dar fuerza en una gestión de la planificación donde ya hubo disparidad en los criterios técnicos. Aquel verano fue clave para que el Sporting no consiguiese los objetivos. Ya en ese momento había asesores de Irarragorri que no estaban ni mucho menos convencidos de Garitano. El giro con la llegada de Borja Jiménez provocó cambios de roles (Perrin, Justin, Manu…). Esa inestabilidad y la falta de acierto en el mercado de fichajes de verano, sobre todo a la hora de elegir perfiles en defensa, lastraron al proyecto.
[–>[–>[–>Aunque el curso no ha sido ni mucho menos el peor deportivamente con la actual gerencia —el club rozó el descenso en el primer año de gestión de Orlegi Sports, 2022-2023, y coqueteó con el descenso en la 2024-2025—, ha sido sin duda el que más ha afectado a la credibilidad de la organización y el que ha expuesto más las carencias de su modelo. La brecha social por la errática gestión del día del club ante el Dépor, donde la entidad primero defendió su posición y después trató de rectificar tardíamente, confirma la enorme distancia que hay ahora mismo entre los gestores y el entorno social y la pérdida creciente de la ilusión. Los malos resultados y la falta de olfato para entender cómo respira Gijón y el sportinguismo han sido el acicate perfecto para que algunas voces más críticas dijesen basta.
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Esa falta de cintura ha cabreado a una afición que se ha entregado año a año y ha estado siempre a la altura en las campañas de abonados y que no ha terminado de ver un proyecto estable ni maduro en el campo. En los últimos meses, sobre todo desde el aterrizaje de José Riestra como primer ejecutivo, Orlegi Sports parece hacer esfuerzos por remar contracorriente. Primero por entender a la ciudad. Y, segundo, para intentar implantar un modelo certero. Es decir, para enmendar cuatro años improductivos en estos aspectos troncales.
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