La sensación de impotencia que transmitió La Laguna Tenerife durante muchos tramos de la semifinal frente al Rytas Vilnius se trasladó casi de inmediato a la sala de prensa del Palacio Municipal de Badalona. Allí apareció un Txus Vidorreta visiblemente contrariado, con gesto serio y por momentos hasta resignado, asumiendo que el partido había vuelto a conducir a La Laguna Tenerife hacia un escenario que, según entiende el técnico aurinegro, se repite casi siempre que los suyos alcanzan una Final Four de la Basketball Champions League.
[–>[–>[–>Primero felicitó al conjunto lituano y después dejó escapar una frustración evidente por la sensación de que su equipo jamás pudo jugar el baloncesto que le ha convertido en uno de los grandes dominadores del torneo durante la última década.
[–>[–>[–>El técnico vasco puso el acento en la incapacidad de los suyos para darle continuidad al ataque y, sobre todo, en un escenario que, según explicó, se repite una y otra vez cada vez que el Canarias aterriza en una Final Four. Entiende Vidorreta que su grupo acaba viéndose obligado a jugar un baloncesto «muy diferente» al que le ha permitido llegar hasta estas rondas y apuntó directamente a la presión asfixiante sobre Marcelinho Huertas y al elevado nivel de contacto permitido por los colegiados como dos factores que terminaron por atascar por completo el juego ofensivo lagunero.
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«Durante el primer cuarto empezamos realmente bien el partido, sabiendo cuál era nuestro trabajo y sabiendo también que íbamos a tener muchas dificultades para jugar nuestro baloncesto con la presión que suponíamos que iban a poner sobre Marcelinho», comenzó analizando el entrenador aurinegro sobre unos primeros minutos en los que el conjunto lagunero consiguió sostenerse desde el orden, la calma y cierta claridad en ataque. El Canarias supo aguantar ahí, sin perderle la cara al partido pese al incómodo contexto que ya empezaba a plantear el Rytas. «Lo intentamos y lo hicimos bien», resumió.
[–>[–>[–>Pero rápido cambió la película. Demasiado rápido. El segundo cuarto empezó a empujar el partido justo hacia el terreno que quería el conjunto lituano, con un Canarias cada vez más incómodo, precipitado y sin respuestas en ataque. «Empezamos mal el segundo cuarto. Nerviosos, incómodos, sabiendo que era imposible sacar ventajas después del bloqueo», admitió el técnico aurinegro.
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Además, Vidorreta lamentó que toda esa sensación de atasco terminara contaminando incluso las acciones más sencillas cerca del aro. «Fallamos muchas situaciones dentro de la pintura, probablemente porque no teníamos las sensaciones que necesitábamos para recuperar las diferencias», explicó.
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[–>Y apareció Harding, que terminó de inclinar definitivamente la semifinal con una actuación descomunal (29 puntos). Fue un tormento el escolta estadounidense para la defensa aurinegra, un martillo pilón imposible de frenar y el jugador que terminó por romper el partido cuando el Canarias todavía intentaba agarrarse a él. «En el tercer cuarto, especialmente con su irrupción, fue realmente difícil para nosotros mantener el mismo nivel», reconoció el estratega aurinegro.
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Más allá de la exhibición individual del exterior del Rytas, Vidorreta dejó una de las reflexiones más potentes de toda su comparecencia cuando se le cuestionó por ese muro con el que el equipo aurinegro vuelve a chocar en una fase final continental. «Va pasando en las Final Four que jugamos un baloncesto muy diferente del que nos trae aquí», afirmó.
[–>[–>[–>Se refería el técnico a la constante presión sobre Marcelinho Huertas y al elevadísimo nivel de contacto permitido durante buena parte del encuentro. Ahí entiende Vidorreta que, «poniendo una sobrepresión sobre el manejador –Marce– es muy difícil poder jugar».
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En esa misma línea, el entrenador aurinegro comparó el criterio arbitral recibido por Harding con el que tuvo el paulista. «Jerrick Harding ha tenido la fortuna de poder lanzar 12 tiros libres. Marcelinho sumaría 12 seguramente entre los tres partidos», deslizó con manifiesta ironía.
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Pese a todo, y aunque la eliminación volvió a dejar un lógico regusto de frustración, el preparador aurinegro también quiso poner en valor el mérito de su plantilla y del propio club. No hubo ni un reproche hacia sus jugadores; más bien lo contrario. Insistió Vidorreta varias veces en el orgullo que siente por un grupo que ha acostumbrado al Canarias a vivir este tipo de escenarios europeos cada temporada. «Sigo creyendo en los jugadores que nos traen hasta aquí porque lo hacen año tras año», defendió.
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Y entonces tiró de números para contextualizar la magnitud de lo conseguido por la entidad lagunera durante la última década. «En los nueve años que he dirigido al Canarias he estado en Final Four o Final Eight las nueve temporadas», recordó. «Siete fueron Final Four y dos Final Eight. De diez años, el club ha estado nueve y las nueve han sido conmigo. Lo importante es estar. Hay muchos equipos que no llegan», añadió.
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Le toca a Vidorreta levantar anímicamente a un vestuario «jodido» y volverlo a enchufar rápido, primero para el partido por el tercer puesto y después para el tramo decisivo de Liga Endesa. Ahí quiso agarrarse el técnico de La Laguna Tenerife al precedente del año pasado. «Nos llevamos otro palo parecido –la semifinal perdida contra el Galatasaray– y acabamos siendo semifinalistas de la Liga», recordó.
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Marcelinho Huertas: «No tuvimos suerte en la línea»
Marcelinho Huertas también dejó una lectura autocrítica de la derrota del Canarias en semis. El base brasileño reconoció que el conjunto aurinegro nunca terminó de sentirse cómodo ni siquiera en los momentos en los que parecía tener opciones de engancharse al partido. «Nunca tuvimos ese puntito de energía que ellos sí tuvieron», admitió el paulista. «Incluso en los momentos que tuvimos la posibilidad de igualar el marcador, nos faltaba ahí este punto», añadió.
El base también se refirió a la enorme diferencia en tiros libres entre ambos equipos. «Sí que es verdad que han tirado un montón de tiros libres y nosotros no tuvimos la misma suerte de ir a la línea como ellos», deslizó, aunque sin profundizar: «Esas son cosas del juego y hay que saber convivir con ello».
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