Hay regalos que no llegan envueltos en papeles que luego van a la basura, sino que lo hacen en formato papel. Con un informe lleno de números que invitan a la esperanza, a creer en eso de la magia de la Navidad. Ayer, el pequeño grancanario Elías Herrero respiró el aire frío de Madrid y salió de la habitación de aislamiento en la que llevaba desde hace 25 días, cuando empezó el proceso para recibir el trasplante de médula. Un alta hospitalaria que es algo más que salir a la calle: es un poco más de libertad, un paso más en la lucha.
[–>[–>[–>Desde su entorno aseguran que todavía queda mucho camino, pero que ya empiezan a ver la luz al final del túnel. Aunque ya pueden salir del hospital, no será hasta finales de febrero o principios de marzo cuando, si todo va bien, puedan volver a Gran Canaria junto a familia y amigos. «Tenemos un protocolo de mascarilla y lavado de manos constante, no intercambiar juguetes con otros niños o evitar espacios cerrados», comenta su padre, Nauzet. Una serie de cuestiones que ya conocían de la vez anterior, cuando tuvieron que hacer frente a la misma lucha.
[–>[–>[–>Elías, que no ha pasado ni un sólo día en el que no se haya enfundado la camiseta de la UD Las Palmas para hacer frente a su batalla, tiene una mezcla de sensaciones: desde la euforia hasta los nervios, la felicidad o los momentos de bajada en los que se da cuenta que aún está malito. «Quiere hacer tanto que no puede. Lo entiende, pero no deja de ser un niño», apunta su padre, quien ya prepara alguna manera en la que su pequeño héroe pueda disfrutar de la cabalgata de los Reyes Magos en la capital española, sin necesidad de tener que juntarse en exceso con el resto de la gente.
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