Gianni Infantino, president of FIFA, and Ronaldo Nazario, discover the Club World Cup trophy. / CRISTÓBAL HERRERA-ULASHKEVICH / EFE
La copa que se lleva el ganador del Trofeo Carranza tiene una altura de metro y medio y pesa 12 kilos. El trofeo del torneo Teresa Herrera mide aproximadamente 80 centímetros y pesa alrededor de 9 kilos. La Carabela de Plata del Trofeo Colombino, monumental, tiene una altura de 110 centímetros y un peso de unos 14 kilos. Desconozco cuánto pesa el trofeo del Mundial de Clubes, que empieza este fin de semana en Estados Unidos entre la indiferencia del público local, los disturbios en Los Ángeles y la desgana de unos jugadores que sufren un calendario sobresaturado. Pero el interés deportivo de la nueva ocurrencia de la FIFA está un peldaño por debajo del de estos míticos torneos veraniegos, que por desgracia ya no interesan a los grandes clubes porque ganan más dinero en exóticas giras. Es decir: entre poco y nada, o lo que es lo mismo, ver a unos cuantos fichajes nuevos y a los nuevos entrenadores empezar a aplicar su libreto.
Mastantuono contra su equipo
La propia FIFA devalúa su torneo. El Real Madrid se acaba de gastar 63,2 millones de euros para fichar a Franco Mastantuono. Es, a todos los efectos, jugador blanco y, sin embargo, jugará el Mundial de Clubes con River Plate. ¿Qué sucederá si ambos equipos se enfrentan? ¿Qué tipo de partido es uno en el que la estrella de un equipo ya forma parte de la plantilla del otro? Da igual: son intercambiables, porque en realidad la pureza deportiva es lo de menos. Si Al Hilal y el PSG se enfrentan, Luis Enrique y Simone Inzaghi volverán a verse las caras poco después de la final de la Champions League, en la que el entrenador italiano compitió con el Inter de Milán. Abrir una ventana extra de fichajes para los equipos que disputan el Mundial de Clubes ha dado lugar a un mercadeo sonrojante protagonizado, sobre todo —aunque no únicamente— por los equipos árabes… y el Real Madrid y el Manchester City. Además, es discriminatorio para los clubes que no participan, ya que disponen de una ventana menos que los 32 equipos en liza.
En los añorados Carranza, Teresa Herrera y Colombino —torneos con semifinales, partido por el tercer y cuarto puesto, y final— solían participar el equipo local, un grande de la Liga española, un conjunto europeo y un equipo sudamericano, a menudo combinados “random” brasileños que, en contra de la leyenda del jogo bonito, dejaron en la afición un recuerdo de entradas duras, tanganas y expulsiones. La diferencia de nivel era evidente, y el reto deportivo consistía en comprobar si el equipo local acababa jugando (y ganando) la copa al grande de la Liga española. Algo parecido sucede con el Mundial de Clubes: la diferencia entre los equipos europeos y los de las otras confederaciones es tan grande que el interés deportivo es mínimo.
Un dato trabajado por Jaume Marcet en un artículo en Sport: el valor de las plantillas de los 20 clubes que no son europeos y participarán en el Mundial es de 1.563 millones de euros. La plantilla del Barça ronda esa cifra (1.070 millones) y, si se le suma la de otro de los ausentes, el Liverpool (867 millones), la cifra es muy superior: 1.937 millones. El valor medio de las plantillas de estos clubes no europeos es de 78 millones. En la última edición de la Liga española, solo el Alavés, el Rayo Vallecano, el Leganés y el Valladolid estuvieron por debajo de esta cifra media.
El dinero
¿Dónde radica, entonces, el interés del Mundial? En el dinero. La FIFA, cuyo gran y casi único negocio es el Mundial de selecciones, quiere explotar aún más la gallina de los huevos de oro del fútbol, aunque sea a costa de la salud de los jugadores. El organismo ha presupuestado unos 1.750 millones de euros en ingresos, entre derechos televisivos, entradas (que se venden a un ritmo muy bajo) y patrocinadores. Para incentivar la participación, los clubes se repartirán 486 millones por participar y 439 por rendimiento. El ganador puede llegar a embolsarse 115 millones por disputar siete partidos.
La propaganda de quienes participan habla de cita histórica, y hasta hay quien dice que el Balón de Oro se dirime en Estados Unidos el próximo mes. Humo. El Mundial de Clubes es un torneo antinatura que tal vez enriquezca a algunos clubes, pero supone más riesgos deportivos (lesiones, jugadores casi sin vacaciones, nula pretemporada) que prestigio o beneficios. Es un torneo de verano de PlayStation.

