Carlos Cuadrado (Barcelona, 1983) lo tenía todo para ser una estrella del tenis. En el año 2001, levantó el título de Roland Garros Junior, el torneo más exigente y que han ganado grandes nombres del tenis mundial. Aun así, las lesiones le hicieron tomar una decisión que le cambiaría la vida: retirarse de manera prematura, comprarse un barco y lanzarse a una aventura irrepetible: dar la vuelta al mundo en velero durante cuatro años.
Un viaje épico que empieza en 2017 y acaba en 2021 y que Carlos ha decidido conservar en un libro: ‘Un rival impredecible’. Una aventura a través de océanos indomables, piratas en aguas peligrosas y problemas mundiales que conoció más tarde. Un camino en el que encontró la paz y se reencontró con el tenis. Actualmente, es entrenador de una de las mayores promesas del circuito WTA del mundo: la australiana Emerson Jones.
En un día como hoy, ¿cuánto piensas en el mar?
Pienso bastante, la verdad. Siempre veo alguna foto o un barco o algo que me relaciona con mis días en el mar. También mis amigos me devuelven a esos días cuando me hacen preguntas. Hoy precisamente hemos estado tomando el café con unos amigos de aquí (Barcelona) y ya han salido historias del barco, de persecución de piratas. Cada conversación es una pregunta que lleva a una anécdota del libro.
‘Un rival impredecible’ es un libro de Carlos Cuadrado para Carlos Cuadrado?
Es un libro de Carlos Cuadrado para amigos y familia. Es medio terapia para mí, aunque surgió sin darme cuenta, y luego sí quería dejar un legado para los más jóvenes de mi familia. Crear un poco la cultura de que los sueños se pueden cumplir y que no dejen de perseguir aquello que les haga ilusión.
Carlos Cuadrado, posing with his book ‘An unpredictable rival’ / Valentí Enrich
Antes de empezar la aventura marítima, todo indicaba que ibas a triunfar en el tenis. ¿Cuánto te costo tomar esa decisión? ¿Te preocupaba el qué dirían los demás?
Siempre he sido muy aventurero. Incluso cuando jugaba a tenis, cada vez que podía me iba a bucear. En Australia fui creando mi vida a mi manera; al no tener la influencia directa de amigos y familia, te vas al extranjero y haces la vida que te hubiera gustado tener desde el principio. Fue entonces cuando compré un barco y me vino la idea de viajar. Se creó, sin darme cuenta, un impulso demasiado grande. Tenía que irme a explorar.
Lo tenía tan claro que me daba igual lo que la gente dijera. Las reacciones de mi entorno reflejaron las inseguridades y los miedos que tenemos las personas. «¡Estás loco!», me decían. Obviamente que tenía miedo de que me pasara algo en medio del mar, pero encontré respuestas para todas las preocupaciones.
En uno de los capítulos, explicas como el COVID te pilló navegando.
Me pilló en Sudáfrica. Recuerdo tomarme un café por la mañana en uno de los pocos sitios donde había Internet y ver las noticias. A partir de ahí, llevé mascarilla y la gente se reía de mí. No entendían por qué llevaba eso. Estábamos muy perdidos. En mi caso, tuve que esperar para entrar en una isla del océano Atlántico Sur durante catorce días. El COVID no había llegado ahí, así que realmente no teníamos restricciones como en los demás sitios.
¿Cuál es la primera imagen que te viene al pensar en esos cuatro años?
Me viene la imagen de navegar sin piloto automático por el Índico. Las olas eran gigantes, es el océano más exigente al que me he enfrentado. Simplemente el piloto automático ‘petó’, no aguantaba la presión de constantemente perder el rumbo y tener que redirigirse otra vez. No hubo otra que buscar soluciones, ponerse al timón y navegar hasta llegar a tierra. Todo el día de sol a sol.
¿Cómo es la vida de un ganador de Roland Garros Junior?
Tienes la ilusión de llegar al top-100 lo antes posible y más si ganas Roland Garros Junior. De hecho, creo que soy el único ganador de Roland Garros Junior que no llega al top-100 en los últimos 50 años. Es el Grand Slam más exigente y por eso todos los que lo ganan llegan a estar entre los cien primeros.
En el cuadro que jugué había grandes campeones, como Tsonga, Gasquet, Verdasco o Soderling. Al final, yo sirvo como ejemplo de que no siempre se llega al objetivo. Y no pasa nada. Si no estuviera contento con la que persona que soy actualmente, aún estaría con el duelo, pero creo que mi viaje me ayudó a hacer una transición hacia la paz.
¿Te consideras mejor entrenador de tenis gracias al mar?
Sí, definitivamente. El mar me ha dado mucho. No necesariamente he aprendido más de tenis, pero sí tengo más paz, más paciencia y una mayor perspectiva. Ser un buen entrenador de tenis no consiste únicamente en saber de tenis, sino en saber gestionar situaciones. Y eso es lo que he tenido que hacer durante cinco años sin parar.
¿Eres seguidor del tenis?
Últimamente más. Gran parte de culpa la tiene Carlos (Alcaraz). Me encanta ese desparpajo que tiene, es mi jugador favorito. Él ha hecho que yo vuelva a ver el tenis en la ‘tele’ otra vez. Recuerdo aquel partido de Carlos contra Sinner en el US Open en el que pensé: “¡A dónde va a llegar este chico!”. Me quedé encantado de verle jugar.
¿Ganará Carlos Alcaraz este Roland Garros?
Me gustaría que sí. Viene fuerte de ganar Roma. Además, le ayuda jugar a cinco sets, porque puede permitirse un bajón en un set o incluso dos si luego encuentra su juego. Si lo encuentra, nadie puede con él. Al final Carlos tiene lo que sabe todo el mundo: un tenis increíble. Llega a unos picos de nivel extremadamente altos, pero es verdad que a veces le falta un poco de consistencia. Entonces depende de si puede gestionar esos ‘bajones’ que a veces tiene. Aun así, eso mismo también hace que sea un jugador muy divertido de ver.
Es diferente a Jannik (Sinner), que siempre hace lo mismo y es más completo. Eso sí, Carlos es capaz de llegar a unos picos que ni siquiera Sinner puede seguirle. ¡Es extremadamente joven y ya ha ganado cuatro Grand Slams! A veces leo algunas críticas hacia él y de verdad que no las entiendo.
¿Dónde va a llegar Emerson Jones?
Pues no lo sé. Cada jugador tiene sus cosas que mejorar. Lo bueno de Emerson es la capacidad de lucha que tiene, de buscar soluciones en la pista. Tenemos cosas que mejorar, pero entrena muy bien y recibe positivamente el feedback. Pocas jugadoras he visto en mi vida como ella. Tiene solo 16 años, así que lógicamente hay mucho que mejorar: el saque, la potencia, la fuerza…
Como actual entrenador de una de las mayores promesas del tenis mundial, como es Emerson Jones, ¿descartas otra aventura marítima como la del libro?
¡No! Para nada. Quiero ir a sitios a los que no he podido ir, hacerlo con mi familia esta vez. Si mi mujer quiere saltarse un océano y prefiere volar, que lo haga sin problema (risas). Para mí ya no es un reto, sino un estilo de vida que quiero explorar y compartirlo. Por tanto, la pregunta es cuándo. En unos años quizás, pero pasará.

